Cuando nos mudamos lo primero que nos llamó la atención fueron los techos de claraboya en la entrada y el comedor de la casa. Enseguida nos imaginamos cenas mirando las estrellas y lo lindo y fresquito que iba a ser en verano. Como siempre, luego del enamoramiento inicial la realidad nos muestra que todo lo que imaginamos puede ser posible siempre y cuando sepamos traspasar el frío del invierno, que nos obligó a estar mas que nada en el estudio y el dormitorio, la humedad del comedor, de la cual no pude apartar la vista durante meses y la pelea continua con mi ansiedad que lo único que quiere es que las cosas estén prontas para volver a buscarles defectos y empezar de nuevo.
Sin poder solucionar mi tercer problema llego el calorcito y el jardín del fondo empezó a cobrar importancia. Cada vez íbamos mas, ya sea a colgar ropa, a fumar o a pasar el rato. Era imposible dejar de notar lo descuidado que estaba, ya que casi no se podía traspasar la entrada de hormigón, pero tampoco podíamos disimular más nuestras ganas de transformarlo en un lugar verde y disfrutable.
Como siempre mi manía de proyectar las cosas hizo que en unos días ya tuviera una visión clara de lo que, yo pensaba, queria hacer en el jardín. Por suerte llegó fin de mes, y las cuentas a pagar, Alex y el hecho de que somos inquilinos me recordaron que estaba delirando de nuevo.
Unos días mas tarde , muy temprano como siempre, nos visito Rosendo. Él es el abuelo de Alex y es un show. Es como un osito de peluche con un pasado oscuro y su frase preferida es "yo sueño", como la frase preferida de Antonia es "la verdad sea dicha".
En realidad fue culpa de Antonia el hecho de que Rosendo pasara por casa ya que como seguramente lo habían retado durante un rato largo por el gasto de agua y el hecho de que a sus ochenta y tantos siguiera con ganas de cultivar tomates cherry, sintió la necesidad de esparcir sus conocimientos en terrenos ajenos. " Todo este espacio acá? acá se da vuelta la tierra y listo". Asi fue como el decidió que deberíamos tener una huerta.
3 MESES DESPUÉS...

Asi esta la huerta hoy, desordenada y llena de plantitas. Hay albahaca, morrones, tomates de diferentes tipos, perejil, lechugas, maíz, zapallo coreanito, ciboulette, algunas hormigas y nuestra cruz: el cyperus rotundus, a.k.a "pasto bolita". Yo creo que del adn de ese pasto maldito se va a sacar la receta de la inmortalidad, lo odio! y por eso le voy a dedicar un capitulo especial.